
Me queda un sabor agridulce de todo lo que he vivido estos días. Vengo a Gijón con ganas de relajarme, de caminar, de ir a la playa y de salir un poco.... todo lo que el cuerrrrpo aguante. Y Descubro que pasa el tiempo más rápido de lo que me hubiera imaginado y que algunas personas se quedan estancadas en una edad indeterminada, entre los veinte y los veinticinco. Pero ya tenemos treinta y tantos, supongo que no deberíamos seguir haciendo las mismas cosas que entonces ¿no? Lo digo sobretodo por el tema evolución,¿Es que el hecho de vivir aún con los padres impide que las personas maduren y busquen nuevas motivaciones y metas en la vida? ¿Es que debo sentirme feliz de que mi mayor aliciente sea la salida de juerga nocturna del sábado por la noche?
¿Es por esto que la hostelería de bares y pubs en Gijón sea un punto tan fuerte de su economía? Bueno, este punto no es malo tampoco, no está Asturias para elegir sectores de actividad, los que nos vamos, nos vamos por algo, señores...
Simplemente quería plantear esta cuestión, y compartirla con alguien que quizá lea estas líneas y haya pensado también en ello.
Adoro mi ciudad natal, cada día más bonita sin duda, pero llevo más de 20 días intentando movilizar a un buen grupo de gente - muy variado y treintañero!- para hacer actividades al aire libre: una caminata, un descenso al sella, una ruta a caballo, una playa a las afueras, una barbacoa... lo que sea. Y nadie, nadie, ha movido un dedo que no fuera para decidir cuándo se volvía a salir de noche.
Por favor, no me digan que cambie de amistades!!!